Cuando se habla de la formación
del Sacerdote, entendemos básicamente dos realidades, que tiene que ver con la
preparación especializada para el fiel cumplimiento de su ministerio; esto quiere decir que pueda entender, apropiar y
entregar una actividad hacia la perfección, pero sin que se olvide que como
persona está inmerso en el mundo secular y por ello requiere de un adecuado
conocimiento del mismo. Son la formación Espiritual y la formación Humana.
"El sacerdote no deja de ser un
hombre por el hecho de ser sacerdote, es extraído de entre los hombres (Heb 5,
1) pero por ello, estando entre los hombres, requiere de una recia formación
humana, con el fin de buscar virtudes humanas, que lo maduren en las profundas
experiencias humanas.
Esta referencia esta dada por Pio
XII en la exhortación Menti Nostrae, del
23 de septiembre de 1950: “Ha de ser
tenida en cuenta la condición psicológica actual, tanto por lo que respecta al
mismo alumno, como por lo que hace a los hombres entre los cuales ha de
desempeñar su ministerio; ha de formarse la voluntad del alumno y su firmeza de
ánimo o carácter; ha de fomentarse la formación cultural o, por así decir,
profesional, de la que el alumno ha de estar debidamente adornado. (AAS, 42
(1950), 684.
Se entiende pues por formación
humana del sacerdote la preparación del sacerdote en cuanto hombre que debe
trabajar entre sus semejantes. Comprende, por tanto, esa formación de conjunto
de virtudes humanas que se integran directa o indirectamente en las cuatro
virtudes cardinales, y el bagaje de cultura no eclesiástica indispensable para
que el sacerdote pueda ejercitar con facilidad –ayudado, desde luego, por la
gracia- su apostolado.
Virtudes humanas son, por
consiguiente, todos los hábitos morales que debe poseer el hombre como hombre,
aunque no sea cristiano, y que el cristiano eleva al orden sobrenatural por
medio de la gracia.
Entiéndase bien que, cuando se
habla de virtudes humanas, no se pueden olvidar las sobrenaturales ni los dones
del Espíritu Santo; ni tampoco referirse, ni aun de lejos, a las simples formas
externas, a lo que atrae en un primer momento, pero sin fruto, por no
corresponder a algo interior. Y cuando se habla de virtudes humanas como parte
de la formación sacerdotal, se quiere recordar que el sacerdote, por ser
hombre, debe ser varón y varonil en su carácter, en sus reacciones y en su
conducta: en su vida entera." [i]
Un sacerdote bien formado permite
que su ministerio de frutos y afiance la realidad de Jesucristo en los fieles.
Desde aquí, algo de ello compartiremos.
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