siete puntos fundamentales
para la fecundidad de la pastoral vocacional sacerdotal y religiosa.
1) La
fecundidad de la propuesta vocacional depende primariamente de la acción
gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y
la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la
llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto
que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con
generosidad a la llamada de Cristo.
2) La iniciativa libre y gratuita de Dios
encuentra e interpela la responsabilidad humana de cuantos
acogen su invitación para convertirse con su propio testimonio en instrumentos
de la llamada divina. Esto acontece también hoy en la Iglesia: Dios
se sirve del testimonio de los sacerdotes, fieles a su misión, para suscitar
nuevas vocaciones sacerdotales
y religiosas al servicio del Pueblo de Dios.
3) Tres
aspectos de la vida del presbítero, esenciales para un testimonio sacerdotal
eficaz:
1.-
Elemento fundamental y reconocible de toda vocación al sacerdocio y a la vida
consagrada es la amistad con Cristo…
La oración es el primer testimonio que suscita
vocaciones.
2.-
Otro aspecto de la consagración sacerdotal y de la vida religiosa es el
don total de sí mismo a Dios… La historia de cada vocación va
unida casi siempre con el testimonio de un sacerdote que vive con alegría el don
de sí mismo a los hermanos por el Reino de los Cielos.
3.- Un
tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona
consagrada es el vivir la comunión… si
los jóvenes ven sacerdotes muy aislados y tristes, no se sienten animados a
seguir su ejemplo. Se sienten indecisos cuando se les hace creer que ése es el
futuro de un sacerdote. En cambio, es importante llevar una
vida indivisa, que muestre la belleza de ser sacerdote.
Entonces, el joven dirá: ”sí, este puede ser un futuro también para mí,
así se puede vivir”.
4) Las
vocaciones sacerdotales nacen del contacto con los sacerdotes, casi
como un patrimonio precioso comunicado con la palabra, el ejemplo y la vida
entera.
5) Esto vale también para la vida consagrada. La
existencia misma de los religiosos y de las religiosas habla del amor de
Cristo, cuando le siguen con plena fidelidad al Evangelio y asumen con alegría
sus criterios de juicio y conducta… Imitar a Cristo casto,
pobre y obediente, e identificarse con Él: he aquí el ideal de la vida
consagrada, testimonio de la primacía absoluta de Dios en la vida y en la historia
de los hombres.
6) Para promover las vocaciones específicas
al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigoroso e
incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de todos
los que ya han dicho su “sí” a Dios y al proyecto de vida que Él tiene sobre
cada uno. El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y
concretas, animará a los jóvenes a tomar decisiones comprometidas que
determinen su futuro. Para
ayudarles es necesario el arte del encuentro y del diálogo capaz de iluminarles y acompañarles, a
través sobre todo de la ejemplaridad de la existencia vivida como vocación.
7) Que
la Virgen María, Madre de la Iglesia, custodie hasta el más pequeño germen de
vocación en el
corazón de quienes el Señor llama a seguirlo más de cerca, hasta que se
convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de
toda la humanidad.
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