La Vocación al Sacerdocio tiene
que ver con un llamado personal que hace Jesucristo y que por tanto requiere de
una respuesta, en libertad, en la que se asume y se compromete al seguimiento
total y sincero para llevar el mensaje
de amor, que significa el primer anuncio, la Buena Nueva de oferta para llegar
al Nuevo Reino Prometido.
El Sacerdote, ungido previamente
por su Obispo, cumple con la condición muy especial de hacer posible la
presencia del Cuerpo y la Sangre de Cristo, por transustanciación, a partir del
pan y el vino que se han ofrecido como Sacrificio Incruento.
Quien es llamado, ha sido
escogido de antemano y escuchado el mensaje, tiene la alternativa de responder
afirmativa o negativamente. Si libremente escoge responder afirmativamente,
hace un compromiso personal para acompañar en el seguimiento, en el que se
recibe una formación muy especializada, que concibe en su ser, una persona con
cualidades y capacidades para transmitir fielmente las enseñanzas recibidas. Es
“de persona a persona, de corazón a corazón”
como Dios habla y aquí la fe juega un papel trascendental muy
importante.
Desde este sitio, hacemos el
llamado a los jóvenes para que, en su corazón, de una respuesta a ese llamado y
enfrente con fe, entusiasmo y alegría, este reto para llevar las ovejas como
pastores a donde el buen Dios las requiere.
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